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2 MINUTOS - FIESTA ARTESANAL

02 DE SEPT DE 2026POR RIFF INFORMATIVOCOBERTURAS
2 MINUTOS - FIESTA ARTESANAL

Hay bandas que no necesitan presentación. 2 Minutos es una de ellas y aquel viernes 21 de agosto, el Niceto Club recibió a los de Valentín Alsina con la sala repleta y esa energía particular que tienen las noches donde uno sabe que lo que viene no va a decepcionar.

Antes de que "El Mosca" y los suyos pisaran el escenario, Nasty Neighbours había abierto la noche con su horror punk bailable dejando el ambiente caliente y al público en sintonía.

La apertura

Nasty Neighbours se encargó de eso con una propuesta que no muchos esperaban y que terminó siendo una de las gratas sorpresas de la velada.

El cuarteto argento-alemán — con Karina Kaos al frente entre teclados y voz, Lea Almendro en bajo, Ale Reggiani en batería, y eMon disparando riffs desde la guitarra — llegó con su universo particular: rockabilly con temática de terror, humor negro, estética de películas clase B y una energía que alejó el aburrimiento. Una combinación que sobre el papel puede sonar extraña y sobre el escenario funciona de maravilla.

"Pobre Reggaeton" — con su ironía bailable y un coro que invita a cantar al ritmo de "tetas, culos, culos, tetas" que arrancó carcajadas y saltos a partes iguales — y "The Mummy", con videos de dibujos animados de momias proyectados en las pantallas, fueron dos de los momentos más celebrados. El pico llegó con "Bailando con Esqueletos" en dondo dos chicas vestidas como parcas huesudas se sumaron a la banda para bailar sobre el escenario para luego bajar al pit y mezclarse con el público.


Con una propuesta divertida y diferente, la banda demostró que tiene oficio para ganarse a un público que había ido por otra cosa.

La calma antes de la tormenta

Mientras se acomodaban los instrumentos tras el telón, el corredor entre el público y el puesto del bar era una procesión constante — gente yendo y viniendo con latas de cerveza en ambas manos, empujones, risas. Niceto parecía Florida y Lavalle en hora pico, pero con distorsión y mucha más adrenalina en el aire.

"Valentín Alsina"

La canción con la que abre el álbum debut de la banda cayó sobre el Niceto como una sentencia. El clásico del disco homónimo marcó el tono desde el arranque y el público respondió con una inmediatez que decía todo: nadie vino a calentar motores, todos venían listos como una fuerza de choque.

"Laburantes", y "Barricada" siguieron apilando velocidad sobre velocidad, ahí el pogo se instaló y no cedió. Como es costumbre, Pablo, el guitarrista, tenía su propio show en paralelo — cigarrillo en mano, chistes entre tema y tema, regalando cervezas al público con la soltura de quien hace esto porque genuinamente lo disfruta. Un personaje dentro del personaje.

El corazón del set

"Amor Suicida", "Otra Mujer" y "Demasiado Tarde (La Marcha)" fueron los momentos donde el Niceto cantó más fuerte. Canciones que el público tiene tatuadas en la memoria y que suenan igual hoy que la primera vez que las escuchamos. No había nostalgia, era vigencia pura.

Como pasa en cada uno de los shows, El Mosca condujo la noche con la naturalidad del que conoce cada rincón de un escenario. Sin discursos largos, sin poses. Una palabra acá, un guiño allá, la comunicación directa y barrial que convierte cada show de 2 Minutos en algo más cercano a una reunión que a un concierto.

La recta final

"Ya no sos igual" hizo temblar el Niceto de un extremo al otro con el público devolviendo la intensidad para cerrar el set oficial de la mejor manera posible. Pero la noche guardaba una carta más: el cover de "Como Caramelo de Limón" de Ricky Maravilla, una elección que nadie anticipaba y que se celebró con la misma entrega que cualquier himno del catálogo propio. El cierre definitivo fue "2 Minutos", el tema que lleva el nombre de la banda. Un punto final limpio para una noche que no necesitaba adornos.

Lo que quedó afuera del set

La noche tuvo sus sombras. Los robos fueron una constante — una realidad que se repite en este tipo de eventos y que ningún operativo termina de resolver. Y la salida sumó su propia cuota de fricciones: en la puerta pedían habilitar el celular antes de dejarte pasar, un procedimiento que generó más de una cara larga entre el público que quería irse a casa después de hora y media de pogo. Detalles que no opacan lo que pasó adentro, pero que forman parte de la experiencia completa.

El Niceto repleto, el pogo desde el primer tema y 30 canciones de corrido cuentan la historia mejor que cualquier análisis. Sus letras hablan de barrio, de laburo, de resistencia cotidiana — y eso conecta porque esas realidades no desaparecen. Una fiesta. De las buenas.

Gracias a Ale por la invitación, a Maru Debiassi y a Pablo Oro por las fotos que ilustran esta crónica.