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COBERTURAS

Alestorm - Navegando por aguas metaleras

22 DE MAR DE 2026POR RIFF INFORMATIVOCOBERTURAS
Alestorm - Navegando por aguas metaleras

El sábado 22 de marzo de 2026, las compuertas de El Teatrito volvieron a abrirse para recibir el cuarto desembarco de Alestorm en Buenos Aires.

Los escoceses llegaron acompañados por Barloventos, banda oriunda de Viedma, Río Negro, con una propuesta que no desentonó ni un segundo con el espíritu de la noche.

El viento frío que soplaba sobre la calle Sarmiento contrastaba con lo que se estaba cocinando adentro. Remeras negras, piratas de ocasión, parches en los ojos, espadas inflables y pequeños patitos en cabezas y barbas le daban un color inconfundible a la previa.

El saqueo prometía ser el más brutal de todos y eso fue lo que sucedió. La tripulación de nueve integrantes de Barloventos zarpó algunos minutos antes de lo previsto y tomó el escenario con una propuesta que sorprendió gratamente a más de uno.

Cada instrumento se escuchó con claridad y el ambiente festivo arrancó desde el primer compás. El público respondió con una participación que ya anticipaba el tono de la noche.

El momento más recordado de su set fue el remo colectivo: toda la sala sentada en el piso remando al unísono, un ritual que horas después Alestorm repetiría con idéntica devoción. Fue la primera vez que este cronista los veía en vivo y la impresión no pudo ser mejor. Barloventos dejó el terreno preparado y se retiró con nuevos tripulantes ganados en aguas porteñas.

Durante los treinta minutos de espera entre sets, hitazos pop de los ochenta sonaban de fondo mientras el lugar se llenaba cada vez más.

El calor y los apretujones ya se hacían sentir cuando ocurrió el momento que desató la primera ovación de la noche: el inflado en vivo del gran pato de goma amarillo en el centro del escenario.

Cientos de fotos, cánticos de "olé olé olé, pato pato" y un nivel moderado de vergüenza ajena que nadie estaba en condiciones de juzgar.

Cerca de la hora pactada, algo atípico cortó el ambiente: "Vamos, Vamos Argentina" de La Barra Buyanguera sonó por los parlantes, descolocando a varios y festejado por otros tantos. Luego se abrió el telón, todo lo demás dejó de importar.

Puntualmente a las 21 hrs, Alestorm arrasó. "Keelhauled" abrió el fuego con esa melodía folk inconfundible que hace saltar a cualquiera que la conoce. "Killed to Death by Piracy" siguió y el lugar literalmente se prendió fuego: litros de cerveza volando por los aires, pogos en forma de marejada y la certeza de que no habría tregua.

Christopher Bowes comandó desde su keytar con la autoridad de quien lleva años perfeccionando este ritual. Máté Bodor en guitarra, Gareth Murdock en bajo, Elliot Vernon en teclados y guturales, y Peter Alcorn marcando el pulso desde la batería.

Cinco piezas. Una sola máquina que llenó cada centímetro del Teatrito con un carisma que pocas bandas pueden igualar en vivo.

"Uzbekistan", "Mexico" y "Banana" desataron el caos más salvaje mientras que "Under Blackened Banners" devolvió el tono épico con una intro absolutamente bailable antes de que "Zombies Ate My Pirate Ship" mantuviera el nivel sin dar respiro.

El cover de "Hangover" de Taio Cruz llegó con la participación especial de un tiburón que se robó el show a puro rap: el público lo coreó de principio a fin, completamente desafinado y feliz.

"Nancy the Tavern Wench" bajó las revoluciones justo antes de que "1741 (The Battle of Cartagena)" devolviera la épica. La clase de historia vino incluida sin cargo. "P.A.R.T.Y." y "Shit Boat (No Fans)" levantaron nuevamente la marea con toda la sala convertida en un coro totalmente sudado.

El encore arrancó con "Drink" y todo el local con los brazos en alto al grito unísono de "drink, drink, drink". El remate llegó con "Fucked With an Anchor": todos los dedos medios en alto, y la sala cantando desde las entrañas hasta el último segundo.

"Rumpelkombo" selló la noche con el ridículo (en el buen sentido de la palabra) glorioso que solo Alestorm puede convertir en arte.

Los escoceses cumplieron lo que prometieron: convirtieron El Teatrito en un galeón a la deriva durante noventa minutos sin pausa. La tripulación porteña salió destruida, empapada y con esa sonrisa que solo dejan las grandes fiestas.

Que los buenos vientos los traigan de vuelta pronto. Gracias a Marcela y al equipo de Icarus Music por la invitación y a Martín por las fotos.