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RESEÑAS

Deftones – Private Music

22 DE AGO DE 2025POR RIFF INFORMATIVORESEÑAS
Deftones – Private Music
Hablar de Deftones a esta altura de la historia es hablar de una de las pocas bandas de los noventa que logró envejecer con una dignidad absoluta. No necesitan apelar a la nostalgia barata ni salir a clonar hits del pasado para llenar estadios. Cinco años después del aclamado Ohms, la banda de Sacramento regresó con Private Music, su décimo álbum de estudio. Y lo que encontramos acá no es un intento desesperado por sonar modernos, sino la maduración perfecta de su propia fórmula: un disco oscuro, denso, profundamente gótico y elegante, ideal para escuchar manejando por una autopista desierta a las tres de la mañana. El gran mérito del álbum radica en cómo conviven sus dos almas. La histórica tensión entre los riffs machacones de Stephen Carpenter y las texturas etéreas de Chino Moreno acá ya no es una guerra de egos, sino un pacto de mutua genialidad. Temas como el single de apertura, “My Mind Is a Mountain”, te enganchan al toque con un groove que después se disuelve en un estribillo de ensueño. Por su parte, “Deicide” nos recuerda que Carpenter sigue teniendo una de las manos derechas más pesadas del planeta, metiendo unos machaques afinados al subsuelo que te vuelan los dientes. Pero la verdadera magia de Private Music aparece cuando bajan las revoluciones y se ponen experimentales. Acá es donde Frank Delgado se disfraza de héroe silencioso; sus sintetizadores y programaciones en temas como “Spectral” y “The Light Within” crean una atmósfera Trip-Hop distorsionada. La voz de Chino, por otro lado, está en un momento superlativo: susurros que te respiran en la nuca cargados de eco que de repente estallan en esos gritos desgarrados que te erizan la piel. Se nota mucho la mano del productor Nick Raskulinecz, que logró darle aire a cada instrumento; la batería y el bajo suenan con un ataque descomunal, dándole una base sólida a todo este viaje. Ahora, pongámonos un toque críticos. Si bien el disco es una delicia atmosférica, por momentos cae en la "zona de confort Deftones". Hacia la mitad del tracklist, canciones como “Close to the Edge” o “The Veil” repiten estructuras de verso-estribillo-clímax que ya les escuchamos mil veces en la era Koi No Yokan o Gore. Da una leve sensación de déjà vu, como si supieras exactamente cuándo va a venir el grito y cuándo la calma. Sin embargo, el cierre con “Epitaph” te borra cualquier duda: un tema largo, progresivo y catártico que te deja con la cabeza flotando en el espacio. Private Music es el testimonio de una banda que ya no tiene que demostrarle nada a nadie. No viene a reinventar la rueda, pero sí profundiza en esa mística única que los convirtió en un grupo de culto masivo. Mientras sus contemporáneos caen en la repetición aburrida o el olvido, Deftones sigue facturando música que se siente vital, misteriosa y jodidamente hermosa. Una joya que gana con cada escuchada.-