Destruction & Death To All en El Teatro Flores

Pasaron poco más de un año y diez meses para que Death To All volviera a Buenos Aires, esta vez en el marco del Symbolic Healing Tour: una gira con una carga emocional enorme, que celebra los aniversarios de Spiritual Healing y Symbolic.
Pero no vinieron solos: los thrashers alemanes de Destruction se sumaron a la partida presentando su flamante disco Birth of Malice.
Aquel 15 de enero, el Teatro Flores fue testigo de un evento único que prometía caos y violencia.
Así se abrió oficialmente el calendario metalero bajo un calor agobiante y una lluvia que amenazaba pero a nadie le importaba.
La jornada arrancó temprano y, al tratarse de un día laboral, lamentablemente no pude llegar a tiempo para ver a los chicos de Manifiesto. Sin embargo, los comentarios de amigos y colegas fueron unánimes: "Sonaron tremendo".
El segundo y último acto local estuvo a cargo de Lazaro, los comandados por Jorge Moreno (ex.. tantas bandas que no voy a enumerar, ¡ja!), quienes cada vez se notan más en modo "asesinos" al ejecutar temas de su álbum debut
Con la ayuda de Alejandro Padin en parches, se compraron a la gente y se despidieron con dos mazazos: "Privación ilegítima de la libertad" cover de Serpentor y la versión en español de "Reign in Blood" de Slayer. La fiesta estaba encendida.
Cerca de las 20, los grandes telones del venue se abrieron y Destruction soltó los perros con "Curse the Gods", desatando un pogo que no cerró más durante todo lo que quedaba de la jornada.
Schmier, con sus agudos intactos, demostró que la veteranía no quita la ferocidad. Poco después, Death To All recogía el guante invocando las raíces con la intro "Infernal Death" para pegarle "Living Mostrosity" y el delirio fue total.
Mientras Schmier escupía veneno en cortes como "Nailed to the Cross", Max Phelps canalizaba el espíritu de Chuck Schuldiner logrando una precisión que nos puso los pelos de punta.
Ver a Martín Furia sonreír en su tierra, ametrallando riffs como si estuviera en casa, junto a Guilherme Miranda (Dieth) —reemplazante de Damir Eskic, ausente por paternidad— fue, sin dudas, uno de los grandes momentos de la noche.
Casi en espejo, DTA plantaba una pared técnica que incluyó a la leyenda Gene Hoglan en batería y el virtuoso bajista, Steve DiGiorgio.
Mientras Destruction nos tiraba el presente con la canción "No Kings No Masters" en la cara, DiGiorgio hacía cantar su bajo en cortes como "Lack of Comprehension" o Altering the Future", elevando la vara de la noche a niveles de culto.
La noche se dividió entre el thrash más feroz y la complejidad progresiva del death metal.
Destruction repasó himnos como "Mad Butcher" y "Life Without Sense", reafirmando formas extremas con la precisión que solo los años de ruta suelen dar.
Tras la tormenta de riffs, DTA nos sumergió en la nostalgia técnica. Fue así como pudimos escuchar piezas como "Lack of Comprehension" o "The Philosopher" en vivo y entender por qué esta música no envejece; es sentimiento puro puesto al servicio de la técnica, con un público que acompañaba cada cambio de ritmo con una entrega total.
El punto más alto de la noche llegó cuando sonaron “Crystal Mountain” y la homónima “Symbolic”, disco que pronto cumplirá 30 años.
El teatro se unió en un solo grito de “¡Chuck! ¡Chuck! ¡Chuck!”, entre abrazos, pogo y sudor, mientras las cuerdas de Bobby Koelble volaban por el lugar.
Destruction no se quedó atrás y para la recta final entregaron los clásicos "Bestial Invasion" y "Eternal Ban" que llevaron la intensidad al máximo.
Fue un mano a mano constante entre la brutalidad alemana y la sensibilidad melódica de Death, donde cada banda demostró por qué el sonido extremos sigue estando en la cima.
Destruction selló su carnicería con el himno definitivo, "Thrash ´Til Death", extraído del disco The Antichrist (2001).
Pero todavía quedaba el encore de DTA para rematarnos el alma con “Spirit Crusher” y el final obligado con “Pull the Plug”.
Ambas bandas ejecutaron sets completos: más de tres horas de metal extremo del que le gusta a la gente de bien. Nos retiramos del Teatro Flores exhaustos, con el cuello a la miseria y la satisfacción de haber vivido una noche para el recuerdo.
Muchas gracias a la familia Icarus por permitirnos ser parte de esta fiesta. El 2026 ya arrancó y la vara quedó altísima.
