Félix Martin: "Virtuosismo y elegancia"

Dentro de la escena técnica y progresiva, abunda una cantidad de músicos que son unas auténticas bestias en sus instrumentos. De una calidad inigualable. Con un despliegue único. Unos verdaderos superdotados capaces de hilvanar notas imposibles y alcanzar velocidades que están totalmente fuera del alcance de la mayoría de los mortales. Y el nombre de Félix Martin es uno de ellos.
Con su llamativa guitarra de doble mástil compuesta de 14 o 16 cuerdas, el guitarrista venezolano ha captado la atención de la industria musical por su particular estilo del tapping a dos manos, que le permite desarrollar tanto líneas melódicas como armónicas, revolucionando así la forma de tocar y componer música.
Con 15 años ya de carrera encima, el virtuoso músico finalmente se presentó en Argentina el pasado jueves 20 de agosto en el habitual Uniclub, para compartir toda la magia y talento de su obra.
Pero para hacer la experiencia más memorable, el show contó con la participación de Pleia, de los ecuatorianos Minipony y la invitación especial de Chowy Fernández. Un elenco de gran nivel que se vio reflejado sobre el escenario, aunque tal vez no durante el tiempo deseado.
Y es que, lamentablemente, el único inconveniente que apareció durante la jornada fue el de la demora, que atrasó la apertura de puertas, movió los horarios programados y llevó a que los grupos tuvieran que acortar sus sets y acelerar el ritmo. Sin embargo, esto no impidió que la noche se echara a perder.
Pleia: Fusión progresiva
El reloj ya marcaba las 20:00 hs cuando Pleia se presentó arriba del escenario. Trío venezolano, oriundos de Maracaibo pero ya radicados hace años en Argentina, es un grupo que combina la agresividad de un metal progresivo con la complejidad del jazz-fusión; que toca con fluidez y una química innata; que ya ha abierto shows para titanes internacionales como Animals as Leaders, Cynic y Tesseract; y que, para la ocasión, volvió a estar a la altura.
Tanto la guitarra como los sintetizadores tomaron el protagonismo y se convirtieron en la voz y guía del grupo, fusionándose para construir pasajes que reflejaban fuerza y emotividad a partes iguales. Todo con un resultado orgánico que para nada se sintió antinatural.
Minipony: Caos experimental
Luego le siguió el turno a Minipony. Una agrupación nacida en Quito a la cual el término “experimental” se le queda algo corto, ya que la cantidad de estilos que practican y combinan es variada. Pasan de un metalcore con marcadas influencias del djent hacia segmentos electrónicos completamente acelerados y distorsionados producidos por samplers, lo que se conoce como breakcore.
A esta mezcla de elementos se le suma la voz de su vocalista, Emilia Moncayo, quien no teme usar tanto registros suaves y limpios como guturales agresivos y explosivos.
Al tratarse de otro trío, la unión entre sus miembros fue palpable, demostrando que los riffs pesados y minimalistas de una guitarra pueden coexistir con los efectos electrónicos de un sampler. Una maqueta interesante, considerando que pocas veces se aprecia este tipo de propuestas.
Chowy Fernández: sello clásico
En cambio, lo de Chowy Fernández se puede decir que fue la puesta en escena más tradicional y convencional de la noche. Sin teclados ni sintetizadores de por medio, el grupo conformado por el talentoso guitarrista argentino se encargó de compartir una buena dosis de metal progresivo instrumental, más de la vieja escuela. Lleno de solos, tappings y riffs con polirritmias y métricas irregulares que, en más de un momento, dejaron descolocada a una buena parte del público.
La ejecución fue notable y el virtuosismo técnico de los otros músicos también. Lástima, nomás, que los pequeños problemas de sonido no lo acompañaron; en especial a la guitarra del mismo Chowy, quien tuvo que pedir en dos o tres ocasiones que le subieran el volumen. Aun así, el músico sacó adelante el show con el oficio y compromiso de un profesional de su estilo.
Félix Martin: Polirritmias a dos mástiles
Promediando las 22 horas apareció el gran protagonista de la noche. La figura estelar. El hombre al que todos estaban esperando: Félix Martin junto con su extravagante y enorme guitarra de dos mástiles, con un total de 16 cuerdas (8 en cada mástil), sin clavijas y con unas relucientes simbologías en los trastes. Sin duda, se trataba de un armatoste monstruoso y llamativo. Pero más llamativo aún fue lo que hizo el músico con él.
Sin púa de por medio y a base de un doble tapping, empezó a dibujar y tejer melodías con ambas manos: una en cada mástil y una a la par de la otra, todo en simultáneo. Como si estuviera tocando un piano, solo que en vez de teclas pulsaba cuerdas. Y no era el único.
Su compañero, el bajista Joan Torres, con su bajo de ni más ni menos que 10 cuerdas y una estructura similar a la guitarra de Félix, imitó esta técnica de ejecución y entre los dos fueron entrelazando notas y líneas musicales con suma calma y concentración. Lentamente fueron dando forma a su exquisito metal vanguardista apoyado en el progresivo, con muchos guiños al jazz y con algunos adornos folclóricos propios de su país.
Y es que la búsqueda del grupo fue esa: hilar elementos e integrarlos a su propuesta, que ellos declaran como evolutiva; todo de forma orgánica y fluida. Tal como hicieron con el tercer tema, al fusionar la salsa con los acordes y ritmos pesados de la guitarra y el bajo, o en la recta final, cuando se acercaron más hacia un estilo afrolatino con suma naturalidad. Todo ejecutado con una maestría impecable, sin ningún tipo de falla.
La pirotecnia fue medida, nada que resultara exagerado o se sintiera que estuviera por encima de la misma música. Virtuosismo y elegancia al servicio de la composición.
Por temas de horario, el show no fue tan largo como quizás estaba en los planes originales. Aun así, el tiempo que el trío estuvo sobre el escenario causó una grata impresión en todos los presentes y, seguramente, dejó a más de uno con la mandíbula caída hasta el piso.
Fue una gran noche de gala en Uniclub para los amantes del progresivo instrumental.
Agradecimientos especiales a Luigi de Guerra Interna Producciones por invitarnos a la fiesta
Cronica: Juan Cruz Kinder
