Havok: Thrash sin piloto automático

El thrash metal lleva décadas peleando contra una etiqueta que parece perseguir a todas las bandas nacidas después de los años ochenta: la del "revival". Sin embargo, hay grupos que hace tiempo dejaron de vivir a la sombra de las leyendas para construir una identidad propia. Havok es uno de ellos. Formados en Denver en 2004, los estadounidenses encontraron un equilibrio entre la velocidad clásica del Bay Area Thrash y una impronta moderna, técnica y agresiva que los convirtió en uno de los nombres más fuertes de la nueva generación.
Aquel 10 de julio, The Roxy Live volvió a recibir una descarga de riffs bajo la producción de Gonna Go, en una noche que reunió a tres exponentes de distintas generaciones del género. Antes del plato principal, Violent Execution y V.I.D.A. dejaron en claro que el metal argentino atraviesa un gran momento y que el recambio generacional es una realidad.
Con una concurrencia aproximada de un 80% de la capacidad del lugar, el ambiente comenzó a tomar temperatura desde temprano. Chalecos llenos de parches, remeras de Exodus, Kreator, Slayer y, por supuesto, Havok, dejaban en claro cuál era el idioma que se hablaría durante toda la noche.
El crossover de Campana volvió a golpear fuerte
Los primeros en salir a escena fueron Violent Execution, quienes volvieron a demostrar por qué se transformaron en uno de los nombres más sólidos del crossover thrash nacional.
Los oriundos de Campana no necesitan demasiados minutos para meterse al público en el bolsillo. Su propuesta es directa, veloz, con bases aceleradas y letras que siguen apuntando contra distintas problemáticas sociales que forman parte de su repertorio.
Más allá del repaso por buena parte de su discografía, lo más destacable volvió a ser la convicción con la que la banda encara cada presentación. No hay poses, todo pasa por amor a la música. Y cuando el resultado tiene semejante nivel de contundencia, no hace falta mucho más.
V.I.D.A.: tres músicos, una pared de sonido
Si Violent Execution dejó la vara alta, V.I.D.A. se encargó de sostener esa intensidad con una propuesta completamente distinta.
El power trío oriundo de Zárate volvió a confirmar que no hace falta llenar un escenario de músicos para sonar enorme. Cada presentación del grupo reafirma esa idea. Bajo, guitarra, batería y una potencia pocas veces vista sobre un escenario local.
Quienes todavía no los conocen podrían pensar que se trata simplemente de otra banda extrema del circuito argentino. Pero V.I.D.A. hace tiempo dejó de ser una promesa. Su participación en el Wacken Open Air fue una prueba concreta de que el trabajo realizado durante años encontró reconocimiento incluso fuera del país.
La banda transmitió seguridad, precisión y una intensidad constante que mantuvo al público completamente conectado y el Roxy respondió de la misma manera.
Havok: sin mirar atrás
Cuando las luces volvieron a apagarse y comenzaron los primeros acordes de "Point of No Return", cualquier intento de permanecer quieto se volvió imposible.
Havok salió decidido a hacer exactamente lo que mejor sabe hacer: tocar. Sin discursos largos. Sin introducciones innecesarias tan solo thrash metal en estado puro.
Desde el inicio quedó claro que la banda atraviesa un momento de enorme solidez. El sonido fue excelente durante toda la presentación, permitiendo apreciar cada detalle de una propuesta donde la precisión resulta tan importante como la velocidad.
David Sánchez continúa siendo un frontman efectivo sin necesidad de exagerar gestos. Su liderazgo pasa más por la ejecución que por la arenga permanente. A diferencia de otras bandas donde el cantante necesita mantener un diálogo constante con el público, Havok deja que las canciones hablen por sí solas.
Brett Rechtfertig volvió a demostrar por qué es una pieza fundamental dentro del grupo. Su trabajo de guitarra construyó junto a Sánchez un entramado de riffs ejecutados con exactitud. No se trata solamente de tocar rápido. Se trata de mantener esa velocidad con una limpieza que pocas bandas consiguen sostener en vivo.
La base rítmica completó un funcionamiento prácticamente perfecto. Cada corte, cada cambio de tempo y cada aceleración aparecieron con una naturalidad que hizo parecer sencillo algo que, técnicamente, está muy lejos de serlo.
Uno de los pocos momentos donde Sánchez tomó la palabra fue para presentar "Fifth Generation Warfare", el nuevo sencillo que anticipa el próximo trabajo discográfico de la banda. Lejos de sentirse como un agregado obligado, el tema encajó naturalmente dentro del repertorio y dejó una muy buena impresión sobre el rumbo compositivo que parece tomar Havok.
Un pit traicionero
Si hubo un protagonista inesperado de la noche, fue el propio piso de The Roxy.
Con el correr de los minutos, la cerveza derramada terminó convirtiendo el centro del recinto en una verdadera pista de patinaje. Cada nuevo circle pit aumentaba las probabilidades de que alguien terminara en el suelo y ocurrió varias veces.
Era casi inevitable ver a los corredores perder completamente el equilibrio mientras intentaban mantener el ritmo de las rondas. Caídas espectaculares que, afortunadamente, terminaban con la solidaridad habitual de este tipo de público: manos tendidas, gente levantándose inmediatamente y el movimiento continuando como si nada hubiera pasado.
Cada tema encontraba una respuesta inmediata. No hubo una canción puntual que sobresaliera por encima del resto, aunque "Prepare for Attack" fue una de las más celebradas de la noche.
Más allá de los títulos, lo que realmente sostuvo el recital fue el ritmo. Havok construyó un show pensado para no perder impulso en ningún momento. Sin bises, sin pausas largas y sin buscar momentos grandilocuentes.
Simplemente una sucesión de canciones ejecutadas con una precisión a la velocidad de la luz.
El presente también escribe la historia
Durante años se dijo que el thrash sobrevivía únicamente gracias a las bandas históricas. Noches como la del 10 de julio sirven para discutir esa idea.
Violent Execution representa el presente del crossover argentino. V.I.D.A. confirma que el metal extremo nacional tiene nivel para medirse con cualquiera. Havok, por su parte, demuestra que todavía existen bandas capaces de mirar hacia adelante sin renunciar a las raíces que dieron origen al género.
No fue una noche de nostalgia, fue una noche de presente.Y eso, quizás, sea el mejor síntoma de salud que puede mostrar el thrash metal en 2026.
Nuestro agradecimiento a Gonna Go por hacer posible una nueva visita de Havok a la Argentina y, especialmente, a Nadya Cabrera por la acreditación de prensa, la confianza y la buena predisposición de siempre para que desde Riff Informativo podamos seguir contando estas historias desde el lugar donde realmente suceden: al pie del escenario.
