Mortiis – Ghosts of Europa

Hacía rato que no sabíamos del duendecillo noruego más famoso del underground extremo. Håvard Ellefsen, la mente detrás de Mortiis, regresa con su undécimo disco de estudio, Ghosts of Europa, un trabajo que funciona como un mapa conceptual de sus propias obsesiones históricas. Para quienes le perdieron el rastro tras sus arranques de metal industrial ruidoso, este álbum es una sorpresa absoluta: Mortiis decide mirar por el espejo retrovisor para rendir un profundo homenaje a la electrónica clásica alemana de los setenta —con Tangerine Dream y Klaus Schulze a la cabeza—, logrando un sonido ambiental, elegante y mutante que nos remite inevitablemente a los Ulver de la nueva etapa.
El álbum estuvo fuertemente influenciado por una colaboración con Stephan Groth (Apoptygma Berzerk) que finalmente quedó trunca, pero que dejó una huella imborrable en la atmósfera del material. Canciones como la apertura o la magnética “The Iron Curtain” marcan el pulso del álbum: bases electrónicas analógicas, líneas de bajo sintético oscuras y pasajes cósmicos de sintetizador que flotan sobre las canciones con una vibra fantasmal. Pero el verdadero salto de calidad de Mortiis en este disco está en el obsesivo laburo de los arreglos vocales, un terreno en el que nunca se había enfocado tanto.
Para armar este entramado de voces de otro planeta, se rodeó de un elenco de invitados espectacular que va desde la pulcritud de Sarah Jezebel Deva (ex-Cradle of Filth) e Illiana Tsakiraki (Septicflesh), hasta Christopher Rakkestad y el mismísimo Matthew Setzer de Skinny Puppy. Al cruzar estas interpretaciones con modulaciones de vocoder y retoques sutiles de autotune, Mortiis logra una experiencia vocal alienígena y fascinante que se convierte en el gran gancho del plástico.
Sin embargo, cuando nos ponemos el traje de críticos implacables, Ghosts of Europa muestra los hilos de su propia fórmula. Hacia la mitad del tracklist, el disco peca de monocromático. El ritmo de los bombos electrónicos se vuelve un tanto predecible y la estructura de los temas se repite casi calcada, estancando la dinámica global en una meseta donde todo se empieza a parecer demasiado entre sí. A esto se le suma un detalle en las perillas: en las pistas más densas, las frecuencias bajas están tan saturadas que por momentos terminan ahogando los detalles ambientales de los sintetizadores, generando un zumbido innecesario en los auriculares.
Al final del camino, Ghosts of Europa es un regreso sumamente digno y disfrutable que reacomoda a Mortiis en el tablero de la música oscura actual. No viene a inventar la rueda, pero demuestra que el viejo bajista de Emperor aprendió a refinar su madurez gótica a través de la experimentación electrónica. Un disco lúgubre, vanguardista y atrapante, ideal para los viudos del Darkwave de alta escuela.
