Riff Informativo
COBERTURAS

My Chemical Romance - No fue una etapa

01 DE FEB DE 2026POR RIFF INFORMATIVOCOBERTURAS
My Chemical Romance - No fue una etapa

Apenas arrancamos este 2026 y, tras tres eventos de alta talla, My Chemical Romance aterrizó en el Estadio Tomás A. Ducó y dio cátedra.

No es solo nostalgia; es la vigencia de una propuesta que, bajo el concepto de The Black Parade, transformó a Parque Patricios en un campo emocional tras 18 años de ausencia.

Poco antes de las 19, los alrededores del estadio se vieron invadidos por gente vestida con camisas negras y corbatas rojas, caras pintadas, pelos de colores, flequillos que cubrían ojos y mucho color... mucho color negro. Fans de entre 25 y 40 años, que crecieron con la banda desde los 2000, convergieron allí para ver a los norteamericanos. Los “emos” estaban felices.

Entre accesos laberínticos, caminatas interminables y una salida caótica en una zona que de noche no ofrece tregua ni transporte, la producción a cargo de Move Concert quedó, una vez más, en deuda con la fanaticada.

No se explica cómo, en un estadio de estas características, el flujo de ingreso y egreso es tan deficiente. Quienes debían oficiar de “guías” tampoco conocían por dónde debíamos ingresar.

La pasión del público argentino, que se bancó un calor sofocante desde temprano, merecía un respeto que no estuvo a la altura de las circunstancias.

Entrando ya en materia del concierto y luego de acceder a la platea (agradecimientos para Alexis, Leo y Noelia), pude presenciar el tan bien catalogado show de los suecos The Hives. Sencillamente fue una masterclass de rock & roll. Tras su paso por el Vorterix, los de Fagersta ratificaron su estatus con un setlist sin fisuras.

Pelle Almqvist, un frontman de otra galaxia, manejó a la masa a su antojo bajo un sol abrasador, sirviendo como el catalizador perfecto antes de que la oscuridad de MCR se apoderara de las tablas. Su actitud, elegancia y manejo del escenario dejaron claro que no son teloneros comunes: son una banda de primer nivel.

La narrativa visual arrancó temprano: segundos después de cruzar los molinetes, el personal entregaba una postal (que cambia según el país) con la imagen de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU) de la UBA con algunas letras un tanto “extrañas”.

Cuando My Chemical Romance tomó el escenario, el Ducó dejó de ser un estadio de fútbol para convertirse en una obra de teatro fragmentada, más que en un show tradicional.

Los mensajes proyectados en pantalla, en ruso (gracias, ChatGPT), hablaban de normas absurdas, órdenes y referencias a una institucionalidad opresiva. Todo preparaba el terreno para el concepto: el Régimen Draag, un país ficticio gobernado por un Gran Dictador Inmortal.

Abrieron con la seguidilla compuesta por “The End.”, “Dead!” y “This Is How I Disappear”, todas cargadas de actuaciones —tanto de propios como de extraños— que se sucedían para el delirio del público que no paró de agitar en ningún momento.

Tras “Welcome to the Black Parade”, “Mama” nos llevó a la cúspide de la pirotecnia. La voz de la cantante de ópera Charlotte Kelso acompañó a Gerard en uno de los momentos más emotivos del show, mientras los músicos de apoyo (cello, violín, teclados y percusión) formaban una orquesta perfecta en escena.

Otras canciones como “House of Wolves” y “Teenagers” funcionaron como actos de rebeldía dentro de la narrativa general del concepto.

La puesta en escena mostraba cómo la banda se iba revelando y luchando contra el régimen. Estábamos frente a una película en paralelo que acompañaba cada historia.

El punto más alto llegó con “Famous Last Words”, una de las postales más gráficas de la intensidad de MCR. Llamaradas que me recordaron a aquellas que abundan en los shows de Metallica y más fuego sobre el escenario, mientras Gerard maravillaba a todos con su interpretación. El régimen había caído haciéndose cenizas.

Mientras “Blood” sonaba de fondo, Way se subió a una camilla y acuchilló al misterioso hombre. En un mar de sangre y tripas, quedó bañado en restos e intestinos al perpetrar el crimen final.

Tras un interludio de cello eléctrico, la banda volvió a escena sin el uniforme y con una nueva personalidad para la segunda parte del set.

Sonaron himnos generacionales como “The Ghost of You”, “Bury Me in Black” y “Our Lady of Sorrows” (que debutaron en esta gira), además del regreso de “To the End”, que no era ejecutada desde 2006. Tampoco podían faltar “Boy Division”, “I'm Not Okay (I Promise)” y la clásica “Na Na Na (Na Na Na Na Na Na Na Na Na)”.

El show llegaba a su fin y fue “Helena” la que coronó la jornada. La emoción en todo el estadio fue tal que se llegaron a ver algunos lagrimones en los fans. Un gran show que aspira a quedarse en lo más alto en el recuento anual.