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Obituary - Anatomía de una masacre

21 DE FEB DE 2026POR RIFF INFORMATIVOCOBERTURAS
Obituary - Anatomía de una masacre

Y finalmente, una noche de febrero del 2026, Obituary regresó a Buenos para cumplir su sexta visita al país después de nueve años de ausencia.

La cita, originalmente pactada para el febrero del 2025, debió postergarse, acumulando así, una expectativa que terminó por desbordar la capacidad inicial. La demanda fue tal que obligó a cambiar de venue por lo que el Teatro Flores terminó siendo el lugar elegido para la fiesta.

Los pioneros del death metal de Florida llegaron con una doble misión: presentar material de su último disco, Dying of Everything, y celebrar los 35 años de Cause of Death (1990), uno de los pilares fundamentales del género. Una noche de culto, demolición sonora y devoción absoluta esperaba a los fieles del death metal más brutal.

La apertura estuvo a cargo de Morferus. La agrupación nacional ofreció un set cargado de riffs pesados que activaron los primeros “headbangins” de la noche. Su propuesta lírica, centrada en crímenes seriales locales, encajó con la temática de la noche, aunque el sonido no resultó su mejor aliado.

Por momentos, la mezcla derivó en una bola de ruido que sepultó las voces, restando claridad a la ejecución. Pese a las dificultades técnicas del sistema de audio, cumplieron con la tarea de elevar la temperatura en el recinto. La respuesta del público fue inmediata, preparando el terreno para el plato de fondo en un Flores que ya operaba bajo el calor del pogo.

A las 21:30 horas, con el recinto que contaba con un muy buen marco, Obituary salió a la cancha. "Snortin' Whiskey" de Pat Travers Band suena de fondo, señal de que el show está por comenzar.

Con luces tenúes y sin que el público pudiera percibir movimiento alguno, los de Florida desatan los primeros acordes de "Redneck Stomp", de Frozen in Time (2005), apertura instrumental que demuestra que Obituary no necesita velocidad para ser devastador.

Solo unos pasos sobre el escenario fueron necesarios para que la presencia de John Tardy llevara la euforia al siguiente nivel. Su inconfundible voz podrida y presencia demostraron que los años no pasan por él como esa capacidad para sostener esos guturales prolongados sigue intacta.

El conjunto de canciones equilibró la novedad con la historia. Cortes recientes como "Sentence Day" y la homónima "Dying of Everything" demostraron que la capacidad compositiva del grupo sigue intacta, golpeando con la misma densidad que sus trabajos de finales de los ochenta.

La columna vertebral de la función fue sostenida por Donald Tardy desde los parches, manteniendo un ritmo sólido que permitió el despliegue de los riffs de Trevor Peres. El recinto se convirtió en un horno, mitigado parcialmente por el sistema de refrigeración, mientras la audiencia se entregaba al mosh en piezas como "The Wrong Time".

La transición hacia la sección más esperada de la velada se produjo sin discursos largos, priorizando la fluidez de una masacre sonora ininterrumpida.

El bloque central funcionó y nos transportó por un portal imaginario hacia 1990. La conmemoración de Cause Of Death inició con la tétrica introducción de "Infected", una de las obras fundamentales del metal extremo mundial.

La interpretación de este material evidenció por qué el disco sigue siendo una apología a la muerte en su forma más violenta. Un punto destacado fue la versión de "Circle Of The Tyrants", clásico de Celtic Frost que Obituary ha adoptado como propio, integrándolo naturalmente a su lenguaje .

Si bien el sonido alcanzó su mejor punto de definición, en algunos pasajes se perdian las violas pero tan solo por instantes sin perder ritmo. Fue un viaje a la vieja escuela ejecutado con la autoridad de los arquitectos del género. "I’m In Pain" extrajo las últimas reservas de energía de los asistentes, quienes intensificaron el circle pit que cada vez era más grande.

La estocada final llegó con "Slowly We Rot", clásico indiscutible del disco homónimo y debut de los hermanos Tardy y compañía. Ejecutada con una brutalidad primitiva, la pieza cerró el círculo de una noche de culto.

La voz de Tardy, pareciendo emerger del rincón más oscuro, no hubo poses; solo una leyenda del death metal aplastando un escenario con la autoridad que otorgan los años.

Obituary vino a Buenos Aires a hacer lo que mejor sabe: demoler estructuras y dejar a sus seguidores con el cuello roto.

El balance final es contundente: el death metal sigue vivo y encuentra en Obituary a su guardián más feroz.

El cambio de recinto resultó una decisión acertada que permitió un marco de público a la altura de la efeméride. Nos retiramos de Flores con la certeza de haber presenciado una cátedra de honestidad artística y demolición de estructuras.

El ritual de Florida en suelo porteño quedará registrado como una de las fechas más intensas de este calendario. La historia se sigue escribiendo con sangre, sudor y distorsión.

Agradecemos a California Sun, Hellnoise Booking y Juanma por la acreditación y darnos la posibilidad para poder realizar esta cobertura.