Riff Informativo
RESEÑAS

Poppy – Empty Hands

23 DE ENE DE 2026POR RIFF INFORMATIVORESEÑAS
Poppy – Empty Hands
Hablemos de Poppy. La piba pasó de ser un bizarro androide de YouTube a convertirse, casi sin pedir permiso, en una de las figuras más divisorias del metal contemporáneo. Apenas un año y monedas después del aclamado Negative Spaces, vuelve a la carga con Empty Hands, su séptimo disco de estudio. Y acá es donde se armó el quilombo. La fórmula repite productor, el omnipresente Jordan Fish (ex-Bring Me The Horizon), y el resultado es un trabajo que a algunos los tiene saltando en una pata y a otros, los más puristas, agarrándose la cabeza. El disco arranca picando altísimo con “Public Domain”, un temazo industrial medio maquiavélico que te tira ese guiño robótico de su viejo catálogo, para mutar rápido en una agresión tremenda. A partir de ahí, la cosa se vuelve un subibaja de emociones pesadas. “Bruised Sky” te vuela la peluca con unos riffs demoledores y un estribillo hipermelódico que se te pega a la primera, mientras que el final con la canción que le da título al dísco “Empty Hands” es una absoluta carnicería: Poppy saca a pasear unos guturales salvajes y un breakdown final digno del deathcore más podrido. Si querías breakdowns y gritos desgarradores, acá tenés de sobra. Pero (siempre hay un pero), acá es donde entra el ojo crítico. ¿Está bueno el disco? Sí, suena gigante, la producción es una pared milimétrica diseñada para sonar en estadios. El problema es que, al entregarse tanto a los brazos de Jordan Fish, Poppy cayó en la trampa del "metalcore ATP" de radio. Temas como “Unravel” o “Guardian” rozan un Ñuu Metal/Popcore medio genérico tipo Evanescence de los 2000 que por momentos aburre. Se extraña esa impredecibilidad lunática de discos anteriores; esa sensación de no saber si el siguiente tema iba a ser hyperpop, techno o grindcore. Acá todo está demasiado ordenado en cajitas. La paradoja del álbum es que Poppy como vocalista está en su absoluto prime. Su rango es una locura, pasando de limpios angelicales a chillidos de bruja e incluso rozando el pig squeal. Sin embargo, la instrumentación se siente un tanto artificial, como si los músicos de estudio estuvieran ahí solo para armarle la base, perdiendo esa "autenticidad" orgánica que el público del metal tanto le exige a los artistas. Al final del día, Empty Hands es un disco de transición. No es un mal álbum para nada; fluye rápido, engancha y te deja con la adrenalina arriba. Pero para una artista que hizo de la transgresión su bandera, quedarse cómoda en el molde del metal alternativo moderno se siente como un paso seguro en lugar de un salto al vacío. Si te gusta el metal de estribillos gancheros y sonido pulcro, lo vas a gastar; si buscabas la locura vanguardista de Poppy, te va a saber a poco.