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Symphony X - Teatro Flores

17 DE MAR DE 2026POR RIFF INFORMATIVOCOBERTURAS
Symphony X - Teatro Flores

El martes 17 de marzo de 2026, el Teatro Flores volvió a latir al ritmo de Symphony X, cerrando una espera de siete años que para muchos fans se había sentido eterna.

La banda de New Jersey llegaba en el marco de su gira por el trigésimo aniversario, no a rememorar glorias pasadas sino a demostrar, una vez más, por qué su mezcla de prog metal, neoclasicismo y potencia brutal los coloca en una liga propia.

Al momento de mi ingreso, el lugar ya estaba sorprendentemente lleno. El público había llegado temprano y con ganas, sin querer perderse nada — y eso incluía las propuestas previas de Virthual y del colombiano-americano Andy Addams con su banda, que calentarían el escenario antes de la llegada de los protagonistas de la noche.

Virthual arrancó la noche con todo el poderío de su heavy metal. Entre tema y tema agradecieron al público, y los aplausos no tardaron en llegar cuando se mandaron con "My Chemical Wedding" de Bruce Dickinson. El Flores entero los despidió con gratitud , ya habían prendido la mecha.

Andy Addams llegó acompañado por Elizabeth Schembri en bajo y Chucho Romero en batería. El “guitar hero” encontró ese punto exacto entre la velocidad del shred y la melodía, ese equilibrio difícil que pocos dominan.

El momento que se robó el set llegó al final: el chaleco con luces LED encendidas y un medley que incluyó, entre otras joyas, la apertura de Los Caballeros del Zodiaco y "Chala Head Chala" de Dragon Ball — coreada a pleno pulmón por todos.

Con el teatro que ya no daba más espacio, arrancó un video introductorio repasando las portadas que integran la discografía de la banda. Primero salió Michael Romeo, el arquitecto de todo esto. Después, uno a uno, Russell Allen, Michael Lepond, Michael Pinnella y Jason Rullo. El Flores estalló.

La apertura con el temazo "Of Sins and Shadows", de The Divine Wings of Tragedy (1997), marcó el tono de la noche: desde el arranque había que dejarlo todo. Una de las canciones más icónicas de sus inicios cayó como un mazazo sobre un público que respondió con gritos y pogos.

La noche se paseó entre pasajes de energía pura y momentos más introspectivos, pero sin aflojar nunca. Symphony X no vino a revisitar el pasado, y el setlist lo dejaría en claro tema a tema.

"Sea of Lies" y "Out of the Ashes" afianzaron el primer tramo con la banda sonando compacta mientras que "Smoke and Mirrors" y "Nevermore" empujaron hacia el costado más pesado sin perder ni un gramo de definición.

Cuando llegó el momento de "Evolution (The Grand Design)" la noche recuperó el perfil progresivo más clásico, incluyendo cambios de tiempo y estructuras complejas. El punto más celebrado del set llegó con "The Accolade", rara vez incluida en las visitas argentinas, que desató uno de los momentos más emotivos de la noche.

El público puso lo suyo. Los cantitos, con al menos cuatro versiones distintas del "olé, olé, olé..." adaptado a Symphony X, dieron ese calor tan argentino que el resto del mundo mira con envidia.

Tras una catarata de melodías, llegó una pausa breve pero necesaria. Al regresar al escenario, Russell Allen tomó la palabra y aprovechó para agradecer el apoyo sostenido de los fans durante todos estos años de carrera.

Pidió disculpas por los siete años de ausencia y sugirió que la próxima visita llegarían con material nuevo bajo el brazo. La sola mención desató una lluvia de aplausos.

A tono con ese momento más íntimo, arrancó "Without You", la power ballad que bajó la intensidad y abrió un espacio para dejar descansar al cuerpo. El teatro estuvo en calma por unos minutos antes de que "Dehumanized" volviera a endurecer el sonido y se desatara la locura final.

"Set the World on Fire" cerró la noche a toda potencia, convirtiendo el teatro en un coro de más de 2000 integrantes. Así fue como Symphony X se despidió de la Argentina una vez más — con el Flores en llamas y la promesa de que no pasarán otros siete años para la vuelta.

Si bien el setlist dejó algunas ausencias notables de los primeros discos — el homónimo y The Damnation Game — que hubieran tenido sentido en un festejo de aniversario, quedó como un detalle menor frente a la magnitud de lo que fue otra noche de metal progresivo de excelencia.

Mientras esperamos el nuevo material que promete llegar pronto, agradecemos al equipo de Icarus por hacer realidad el sueño de miles, a Marcela por la acreditación y a Martín por las fotos