Vitico y los Leones - El motor no se detiene

Pasados unos días desde que presencié el show de Vitico y Los Leones en La Tangente, y después de que ocurrieran varios acontecimientos que fueron postergando la tarea, por fin pude sentarme a escribir esta crónica. Porque hay recitales que se disfrutan en el momento y otros que, además, merecen ser contados. Lo que ocurrió aquella noche en Palermo pertenece claramente a la segunda categoría.
Hay shows que uno sabe que van a ser especiales. No hace falta que empiece la música. Se siente en el ambiente, en las caras de la gente, en las remeras negras con el logo de Riff que se cruzaban en la entrada. Y el sábado 25 de julio, La Tangente fue uno de esos lugares.
Víctor “El Canciller” Bereciartúa, el bajista de Riff y socio de toda la vida de Pappo, subió una vez más al escenario con esa tranquilidad que solo tienen quienes no necesitan demostrar nada. Porque ya lo demostraron todo.
Las puertas del coqueto local palermitano se abrieron a las 20 y el lugar se fue llenando despacio, entre charlas, cervezas y esa energía de previa que tienen esas noches en las que uno sabe que va a salir contento. Pasadas las 21:30 se abrió el telón, los músicos fueron tomando sus lugares... y ahí nomás explotó el cantito. Ese. El de siempre. “Hay que ver, hay que ver: a Pappo presidente y a Vitico canciller”. Cuatro décadas después, sigue siendo el mejor resumen posible de lo que significa este hombre para el rock pesado argentino.
La formación y el arranque
Los Leones no son un acompañamiento: son una banda de verdad. Demon Pistarelli en guitarra líder, su hermano Pollo en guitarra rítmica y voz, y Alejandro Soto en batería forman un combo que sostiene, empuja y le da vida nueva a canciones que ya tienen décadas encima.
“Necesitamos más acción” abrió el set y la sala entera respondió de inmediato. Puños en alto, voces que se sumaron sin que nadie las pidiera. Con una sonrisa en el rostro, Vitico y los suyos siguieron con “Susy Cadillac”, mientras que “La espada sagrada” llegó para reivindicar la etapa de Riff VII, a veces más criticada de lo que merece. “En la ciudad del gran río” y “Sube a mi voiture” completaron un bloque inicial que no dio respiro.
El tramo central
“Es tarde” y “Parece que viene bien” llegaron enganchadas. “El forastero” sumó otro clásico antes de que la recta final comenzara a tomar forma.
Víctor tocó gran parte del show sentado, aunque se aprecia una mejora visible en su estado de salud. Así lo demuestran sus gestos y una sonrisa de punta a punta, mientras su mano se mueve con la naturalidad de quien lleva seis décadas arriba de un escenario.
Y como si hiciera falta una prueba más de esa vigencia, en uno de los pasajes de la noche Vitico le contó al público que ya se encuentran trabajando en nuevo material junto a Los Leones, canciones que verán la luz próximamente. Lejos de vivir de la nostalgia, siguen mirando hacia adelante.
La recta final
“Ruedas de metal” —el tema que le da nombre al disco debut de Riff, editado en 1981— generó uno de los momentos más emotivos de la noche, al igual que “Mucho por hacer”, que fue coreada por absolutamente todos. Uno de esos temas que, cada vez que suenan en vivo, funcionan como una declaración de principios.
“Macadam 3... 2... 1... 0...” cerró el set principal con toda la contundencia que el tema merece. Pero había algo más. La frutilla del postre llegó con “Sucio y desprolijo”, el clásico de Pappo's Blues Vol. 3. Un homenaje. Un gesto de gratitud hacia el socio que ya no está, pero que sigue siendo parte de cada noche en la que Vitico sube a un escenario.
Casi seis décadas de rock encima y Vitico sigue inoxidable, vigente, con una banda que hace sonar los clásicos de Riff mejor que nunca y con la convicción de quien sabe que lo que hace importa... y siempre va a importar.
La Tangente fue el escenario justo. Íntimo, sin parafernalia, y perfecto para disfrutar de esas noches de las que uno sale tarareando canciones sin darse cuenta.
El motor no se detiene. Y mientras Vitico siga subiendo al escenario, tampoco debería hacerlo.
