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SANCTUARY - la PRIMERA VEZ Y SIN ANESTESIA

Hace 6 díasPOR RIFF INFORMATIVOCOBERTURAS
SANCTUARY - la PRIMERA VEZ Y SIN ANESTESIA

Cuarenta años de carrera y nunca habían pisado Argentina. Eso es lo que Sanctuary venía a resolver el viernes 29 de agosto en El Teatrito, con Icarus Music detrás de la organización. Una de esas noches que muchos fanáticos habían dejado de esperar y que de alguna manera llegó igual.


El camino hasta el plato fuerte

Viatorem Astra abrió la jornada pasadas las 18:40. La banda de raíces venezolanas con su propuesta de heavy, power y neoclásico — cuatro músicos que no desperdician el turno de apertura y que se ganaron el aplauso de los que llegaron temprano.

Minutos antes de las 19:20, y con un cambio de último momento en el lineup, Black Hell tomó el escenario. La banda de la zona sur tiene dos cantantes que se alternan las frases — uno de esos detalles que llaman la atención desde el arranque. Los primeros acordes de "Master of Puppets" sonaron como una intro hasta que quedó claro que no, que era en serio. Siguieron "For Whom the Bell Tolls", covers de Hermética, Riff, Horcas y Malón, y cerraron con "Toxicity" de System of a Down. Amplio, bien ejecutado, cumplió.

Alrededor de las 20 fue el turno de Virthual, con su heavy y power de marca propia, repasando sus dos discos y cerrando con "Justos por Pecadores". Después Guerra Santa, formados en Venezuela y radicados acá desde 2017, puso el último escalón antes del plato fuerte. Seis temas, un agradecimiento genuino al país que los recibió, y el escenario listo.

La primera vez

Pasadas las 21:30 las luces se apagaron. Sanctuary ya estaba en sus posiciones y "Arise and Purify" arrancó sin ceremonias.

Acá hay que ser honesto: al principio cuesta. Quien creció escuchando a Warrel Dane llega con esa referencia clavada en el oído y los primeros temas generan una especie de ajuste involuntario. Joseph Michael no es Dane y no lo intenta. Tiene su propio registro (dramático, con hiperagudos que recuerdan a Geoff Tate, otro raro salido de Seattle). Con el correr del set el oído se acomoda y la performance termina convenciendo. Ayudó bastante su actitud: cercano, con un español que sorprendió, preguntando al público qué estaban tomando y uniéndose sin drama al asunto, vino primero, cerveza después, tequila para el final.

Los primeros temas tuvieron problemas técnicos, principalmente con el retorno de Lenny Rutledge, que se lo veía gesticulando hacia los técnicos. A partir del tercero todo se asentó y fue cuesta arriba.

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El viaje por la discografía

Once de los dieciséis temas vinieron de Refuge Denied (1988) e Into the Mirror Black (1990). "Die for My Sins", "Seasons of Destruction", "Future Tense", "Taste Revenge", "Epitaph", "The Mirror Black", entre otros.

The Year the Sun Died (2014) aportó "Frozen" y el tema que le da nombre al disco. Y "Not of the Living", el single adelanto del primer álbum de Sanctuary con Michael en voces sonó con una construcción más progresiva que conectó bien con los asistentes.

El tramo de covers tuvo su cuota de presencia en la noche. "Breathe" de Pink Floyd abrió una pausa que nadie esperaba dentro de un set tan cargado de tensión metálica. Después "White Rabbit" de Jefferson Airplane, canción que la banda ya había incluido en Refuge Denied, dejó en claro que detrás del thrash y el power siempre hubo algo más oscuro y psicodélico que los separó de muchos de sus contemporáneos. El bis cerró con "Soldiers of Steel" y punto final.

El después

Cuando la seguridad del venue intentaba desalojar el local para el siguiente evento, los músicos bajaron a encontrarse con el público. Michael fue el más activo: fotos, charla, sin apuro, ignorando olímpicamente al personal de seguridad. Ese tipo de gesto que en bandas con esta historia no siempre pasa y que cuando pasa vale más que cualquier declaración de amor al público.

Sanctuary tardó cuarenta años en llegar a Buenos Aires y encontró esperándola exactamente el público que merecía. El regreso está prometido, esperemos que sea pronto.

Gracias a Icarus Music por la organización, la acreditación para ser parte de la historia y a Fer Díaz por las fotos que ilustran la crónica.